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La brutalidad del talión y de la cadena perpetua

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Ahora que mucha gente anda pidiendo en España la cadena perpetua por el asesinato de Marta del Castillo, un crimen pasional como otro cualquiera, cometido además por un adolescente al que una sociedad civilizada debería conceder al menos una segunda oportunidad, digo que en ese clima aparece una noticia no directamente relacionada pero que en realidad oculta el mismo problema.

«Mi verdugo debe pagar con sus ojos... Se va a aplicar la ley del talión, literalmente»

Se trata del caso de una mujer iraní de 30 años a la que hace cuatro un compañero de universidad arrojó ácido en la cara tras sentirse rechazado.

¿No es tremendo? Tremenda la maldad intrínseca que revela el método, tremendo el que la agresión provenga de un chico universitario supuestamente maduro; y tremendo, sobre todo, el motivo, algo tan natural como que una chica rechace a un compañero. En fin, uno se puede imaginar el caldo de cultivo machista en el que aún se cuecen las sociedades teocráticas musulmanas.

Pero la noticia es que esta mujer, que estos días se encuentra en España porque fue operada en Barcelona, ha optado por aplicar el talión a su agresor. La ley iraní le permitía optar entre eso o recibir una indemnización, que al parecer es lo más frecuente en los últimos años.

El ojo por ojo, nunca mejor dicho, en pleno siglo XXI….Nos podemos imaginar el calvario que ha atravesado Ameneh Bahrami, que así se llama la agredida, pero precisamente por eso nos cuesta entender cómo aún sigue queriendo (han pasado cuatro años desde la agresión) que alguien, aunque sea la persona que le destrozó la vida, pase por lo mismo. En cualquier caso, imaginemos la escena que se producirá dentro de unos meses: varios policías sosteniendo al chico mientras Ameneh le echa un cubo de ácido en la cara.

Escalofriante, ¿verdad?. Cosas así deberían hacer reflexionar a quienes alzan la voz para pedir la cadena perpetua cada vez que se produce, o mejor dicho, cada vez que a los medios les da por amplificar, morbosa e interesadamente, algo tan vulgar, ancestral y humano como es un crimen.

Written by Angel Guirao

marzo 9, 2009 at 4:00 pm

Justicia y prejuicio

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Una mujer madura, de 45 años, profesora desde hace varios en una guardería, con un vida emocional estable y tranquila (vive con su pareja desde hace tiempo) un día decide ser madre e inicia los trámites de un proceso de adopción.

Acude a ventanillas, aporta documentos, se somete a un sinfín de pruebas psicológicas. ¿Resultado? No apta. A las autoridades, que son personas, les ha parecido que esta mujer está verdaderamente preparada, incluso más que ellos mismos, para adoptar un niño, ¿entonces?. Existe un informe, ¡un informe!

Ese informe no desvela ningún secreto inconfesable, vicio o defecto oculto de la candidata. El autor del informe, que no se ha echado a la cara a esta mujer de carne y hueso y corazón, sostiene, en abstracto, en general, que la ausencia de la “figura paterna” (¡cielo santo!) puede provocar un trauma en el niño.

Perdón, se nos había olvidado decir que esta mujer es lesbiana.

Y sincera. En los interrogatorios (sí, interrogatorios) ella lo había contado a las autoridades con la mayor naturalidad. Esas autoridades que han aprovechado su valentía para no dejarla ser madre.

Ahora, un tribunal formado por hombres y mujeres quién sabe de qué condición sexual ha dicho que eso es discriminar, y ha condenado a las autoridades a revocar su decisión e indemnizar a esta mujer.

El tribunal habla de una ley igual para todas las personas, sea cual fuere el color de su pelo, su sexo, credo o condición. Y dice que para adoptar a una persona sólo hay que querer querer. Tener voluntad y capacidad de amar.

Ese tribunal es el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, y la sentencia, histórica porque sienta un precedente europeo, fue dictada ayer para escarnio y vergüenza de unas “autoridades”, las francesas, que habían antepuesto sus estúpidos prejuicios al cumplimiento de la ley.

Written by Angel Guirao

enero 24, 2008 at 8:43 am