La Carretera

“Che, el argentino”

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No es mala película, pero a mí se me ha hecho un poco larga. Creo que se puede contar lo mismo en menos tiempo. Además, el final, abierto y como dejando entrever que habrá una segunda parte, te deja esa molesta sensación de ¿y esto es todo?.

El argumento, la trama: La historia se centra en los inicios de la Revolución Cubana, desde su concepción intelectual (en reuniones mantenidas en las casas de los futuros revolucionarios) hasta la victoria militar sobre el ejército de Baptista, después de una larga y extenuante guerra de guerrillas. 

Los protagonistas: Del Toro está bien, convincente, pero empiezo a advertir que este actor hace siempre de sí mismo (durante toda la película no he parado de acordarme de su papel en Traffic). Prefiero el personaje de Fidel, histriónico y gesticulante como el propio dictador en la vida real.

Lo mejor, sin duda, son los paisajes. Bellísimos los verdes de la selva tropical. Y precioso el azul caribe del cielo de la isla.

Por último, en cuanto al retrato que se hace del Che Guevara, pues la verdad es que desconozco si fue ese asesino del que ha hablado alguien del Partido Popular, pero de lo que estoy seguro es de que no podía ser esa figura cercana a la santidad que aparece en la película. Un tipo, que según esta hagiográfica versión de Soderberg, curaba a los pobres, alfabetizaba a los soldados y se preocupaba por hacer justicia revolucionaria entre los campesinos.

Lo siento, no me lo creo. Demasiado perfecto para ser verdad. No sé vosotros, pero yo es que hace tiempo que huyo de mitos, santos y demás personajes idealizados por la imaginación popular.

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Written by Angel Guirao

septiembre 27, 2008 a 5:00 am

2 comentarios

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  1. Estoy de acuerdo contigo, Ángel. Al fin y al cabo el trabajo de el Che consistía en matar. Aunque tuviera razón. A mi juicio no hay razones que valgan. Yo creo que el Che pudo tener su momento de gloria, unos años después de lo de Bolivia, pero me parece que se ha quedado caduco y que el mito adorna las paredes y las camisetas de muchos universitarios. Nada más. Ya no interesa a nadie.

    Alberto

    septiembre 28, 2008 at 7:10 pm

  2. Totalmente de acuerdo en que debemos desacralizar los mitos, y enseñar que la violencia acaba por no resolver nada, aunque a veces ha iniciado (revolución francesa por ejemplo) un nuevo modo de contemplar el mundo.

    Sin embargo no debemos caer en la ucronía de juzgar con nuestros parámetros actuales, lo hechos históricos.

    No creo, ni mucho menos, que fuera un santo, pero posiblemente hubiera podido aprovechar su prestigio para vivir tranquilo y de las rentas, en Cuba, en vez de largarse a la selva a seguir peleando por sus ideas.

    Y si el no era un santo, que obviamente no lo era, tampoco lo eran sus oponentes.

    Lo que está claro es que fue un símbolo, y parece que seguirá siéndolo durante mucho tiempo.

    Salut.

    julio navarro

    septiembre 30, 2008 at 10:11 am


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