La Carretera

“Desmemorias”

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Fragmento de un artículo de Antonio Muñoz Molina.

Muñoz Molina: “La doctrina oficial es más o menos la siguiente: en España, hasta hace muy poco, no se pudo escribir y casi ni hablar de la Guerra Civil…… o de la posguerra desde el punto de vista de los vencidos. Primero fue la represión franquista; luego el así llamado “pacto de silencio” de la Transición, por culpa del cual, y en nombre de una dudosa concordia democrática, se suprimió la memoria de los perdedores. Por fin, sólo hace unos pocos años, algunos libros empezaron a romper el silencio, algunas películas, gracias al Gobierno de Zapatero. Se estrena Los girasoles ciegos y un oyente llama a la radio para expresar su alivio, su alegría: “Por fin se puede hablar sin miedo”.

Es una doctrina confortable. Permite el sentimiento halagador de estar participando, sin mucho esfuerzo ni peligro, en la reparación de una larga injusticia, en el descubrimiento de lo escondido durante muchos años. También de estar al día: de recibir, de algún modo, la legitimidad de los derrotados, hasta de alzarse en rebeldía contra el fascismo o la dictadura, con la ventaja no desdeñable de que esa rebelión virtual sucede en el espacio clemente de una democracia. Los libros, las películas de moda ofrecen una memoria tan gustosa de saborear como un caramelo, con ese aire en el fondo tan acogedor que tiene el pasado en el cine de época: los automóviles, los peinados, los sombreros, los pupitres de madera, la lluvia, la nieve acogedoras; cuando no el heroísmo igualitario: chicos y chicas con uniformes impolutos de milicianos, haciendo una guerra que se parecería mucho a una fiesta o a un domingo de excursión si no fuera por esos malvados de bigotito fino y camisa azul o de sotana negra que lo estropean todo. Los buenos, los nuestros, son poéticos, inocentes, entrañables, soñadores, no sexistas. Los otros no sólo son opresores y canallas: también son feos, groseros, machistas, maníacos sexuales, maltratadores de animales. La moda la empezó probablemente Ken Loach en Tierra y libertad, donde ya se insinuaba algo que viene teniendo mucho éxito en las patrias periféricas gobernadas inmemorialmente por una mezcla curiosa de nacionalistas y ex socialistas o ex comunistas cuyo principal rasgo ideológico es volverse más nacionalistas todavía que sus socios: los malvados de esta nueva memoria oficial, aparte de opresores, canallas, feos, groseros, machistas, maníacos sexuales, son algo todavía peor, si cabe: son españoles. En estas patrias, unánimes por definición, la Guerra Civil no es posible, porque no puede haber conflicto interno en una comunidad idílica. La Guerra Civil, el franquismo, fueron en realidad una invasión española, en la que los autóctonos, por el hecho de serlo, estuvieron libres de toda complicidad, y además fueron y siguen siendo víctimas.”

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Written by Angel Guirao

septiembre 20, 2008 a 10:55 am

Publicado en General

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2 comentarios

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  1. Excelente exposición de Antonio Muñoz Molina, nada sospechoso de fascista o revisionista -me temo que empezará a ser calificado como tal al desmarcarse de la secta-, sobre el infantilismo y el simplismo de la visión izquierdista y nacionalista de la guerra civil, prácticamente Waltdisneyana, en la que los republicanos eran Bambis y los nacionales (¿por qué se llamaban así?) lobos, y además feos y gordos. Un saludo.

    MAIKEL

    septiembre 20, 2008 at 4:55 pm

  2. Tiene razón. Abunda la postura entre ciertos nacionalistas descerebrados de desvirtuar la guerra (o las guerras más que revoluciones, porque fueron varias superpuestas) y buscar explicaciones sencillas y simples, o sea, maniqueas, en vez de intentar la verdad.

    Dicho esto, también abunda la postura en otros nacionalistas, de negar el propio, tan respetable como cualquier otro, incluso el de los nacionalismos atacados por ellos, y aprovechar cualquier razonamiento para añadir el estrambote de un ataque postizo.

    Y supongo que si Maikel se refiere a los mismos descerebrados que yo, también tendrá razón.l

    Lo que no es de recibo es olvidar que, por ejemplo, la entrada en Catalunya, se realizó no solo contra los rojos, sino también (e incluso quizá con más empeño) contra los catalanes catalanistas. Y que fue absolutamente incompatible, durante muchos años, hablar catalán en público con ser partidario del regimen del general franquísimo.

    Salut.

    julio navarro

    septiembre 21, 2008 at 8:07 pm


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