La Carretera

El energúmeno es el fútbol

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¿Quién es más energúmeno, el tipo que lanzó la botella o los que se lanzaron después contra él?

¿Y qué son, si no energúmenos, esos padres que en el mejor de los casos no lanzan ningún objeto, pero que se pasan el partido gritando e insultando al árbitro y a los jugadores?

¿Qué papel juegan esos futbolistas de élite que se acercan cómplices y serviles a entregar su camiseta al grupo ultra de turno?¿Y esos presidentes que afirman que los radicales son unos “chicos muy simpáticos que animan mucho”? ¿y los medios? ¿denuncian la violencia cotidiana que se vive en los estadios? ¿por qué no lo hacen? ¿no será que la violencia forma parte del espectáculo? ¿qué hay de sincero en este rasgarse colectivo de las vestiduras?

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Written by Angel Guirao

marzo 17, 2008 a 11:53 am

Una respuesta

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  1. Totalmente de acuerdo, Ángel. La violencia que hay en torno al fútbol es terrible. Es inaudita la forma de gritar de esos padres, de insultar a los árbitros, a los jugadores contrarios, desde la cobardía de sentirse resguardados en la masa, y cómo sus hijos asisten a un deplorable espectáculo que para muchos de ellos sólo es un teatro, incluso algo de lo que te puedes reír con los amigotes, recordándolo después en el bar.
    Por eso, cuando alguien se mete con los aficionados a los toros, siempre le digo que es el público más educado, salvo raras excepciones. Es tremendamente educado y respetuoso, puesto que hay ciertas normas que cumplir. Lo que no quita que en según qué ciudades, pueblos y plazas aparezcan lamentables energúmenos.
    En una ocasión, Michel salía de la Ciudad Deportiva del Madrid en el coche. En la jornada anterior el Madrid había perdido y Michel no debió tener la actuación de su vida, de modo que los ánimos estaban encrespados. Al salir por la puerta, un seguidor le dijo de todo, -división de opiniones, como dijo el genial torero Rafael El Gallo: unos se cagaron en mi padre y otros en mi madre-. Michel bajó la ventanilla, y le dijo al hombre: “Perdone, este niño es su hijo?”. El hombre asintió con la cabeza y Míchel añadió: “Y le parece que esta es la mejor educación que puede darle?”. Lo dejó clavao.
    Os cuento esta anécdota porque me parece que es verdad, que en los campos se cultivan los peores instintos de los españoles. Y me parece muy acertado tu post. No puedo estar más de acuerdo. Nunca me gustó pertenecer a una masa, ni resguardarme en ella, que es lo que hacen los cobardes.
    Por cierto, que los medios tienen gran parte de culpa. Por alimentar el negocio hacen lo que sea. El fútbol está podrido, pero lo que hay alrededor huele aún peor.
    Un saludo!

    Alberto

    marzo 19, 2008 at 5:06 pm


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