La Carretera

Archivo para Abril 18th, 2009

Adiós, Chano

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Sabéis que hace unos días murió Chano Lobato.

Maikel y yo lo vimos actuar hace años en Almería, en la Universidad, acompañado a la guitarra por Juan Carmona “Habichuela”.

Recuerdo algunas cosas de aquel día. Por ejemplo que me encontré con los dos en los aseos, unos minutos antes de empezar la actuación. Olían a vino y estaban riéndose a carcajadas.

También recuerdo que luego salieron al escenario y se pusieron serios. Y que al poco de empezar, Chano paró en medio de un cante para pedirle a una chica que dejara de palmear porque lo estaba desconcentrando. La estudiante no lo sabía pero las palmas, que cambian según los palos, cumplen una función determinada. Marcan el compás. Como la caja o el tacón. Muy poca gente sabe acompañar a las palmas.

La velada prosiguió entre cantes y leyendas. Porque Chano, que provocaba tanta emoción como risa, hablaba y cantaba a partes iguales. En realidad, el espectáculo era él. Entre una guajira y un fandango te contaba una anécdota de Pericón. O de “El Beni“. O cómo nació el tirititrán una noche célebre en que el mítico Aurelio Sellé se vio algo apurado de memoria.

Quizá por todas esas cosas, y porque durante años se había ganado la vida como “cantaor de atrás” (los que acompañan al baile en los cuadros flamencos, como Chiquito de la Calzada), nunca llegó a ser considerado uno de los grandes del flamenco. Algunas personas, sobre todo de entre los círculos cerrados y herméticos de la flamencología, lo tenían por un cantaor menor, especialista en cantes festeros, como las alegrías o los tanguillos de su Cádiz natal, pero incapaz de abordar con solvencia los palos mayores como la soleá, la siguiriya o la taranta. Qué injusticia.

No es un tópico decir que con Chano se muere una parte del flamenco, la que encarnaban esos cantaores dignos y un poco pícaros que recorrieron la mísera y polvorienta España de los años 50 pasando fatigas en tablaos de mala muerte o animando humildemente las fiestas de los señoritos.

Cuánto debe el flamenco de hoy, profesional y respetado, a esa tropa de genios entrañables, sabios y sencillos, de los que Chano era por desgracia el último estandarte.

Vámonos pa Cai, primita mía, vámonos pa Cai.

Escrito por Angel Guirao

Abril 18, 2009 a 11:35 am

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