Trifulca en el Parlamento
No, no es Martínez-Pujalte. Ni Bermejo. Tranquilidad. Se trata del parlamento italiano.
La noticia es de EL PAÍS y no tiene desperdicio:
“El presidente del Gobierno de Italia, Romano Prodi… afronta esta tarde la crucial votación en el Senado, que ha comenzado un tumultuoso debate sobre el voto de confianza a su gobierno. A poco de comenzar, la sesión ha tenido que ser suspendida durante unos minutos, debido a los enfrentamientos y la tensión generada después de que un legislador del partido democristiano UDEUR anunciara que votará a favor de Prodi, contra la decisión de su organización política. Por esto fue duramente insultado y escupido.
La pelea se ha desatado cuando Nuccio Cusumano, uno de los tres senadores del UDEUR –el partido que ha abandonado la coalición en el poder y desatado la crisis de Gobierno- ha dicho que apoyará a Prodi, lo que ha originado que se compañero de partido Tommaso Barbato se dirigiera hacia su escaño gritándole “vendido, cornudo y pedazo de mierda”. Inmediatamente el hemiciclo se ha convertido en un hervidero de acusaciones, cuando se oía a Cusumano decir “maricón, eres una basura, eres una puta, eres una muñequita”, entre otros insultos que han proferido los senadores de la oposición de centroderecha.
Según el senador Sergio De Gregorio, que se encontraban cerca de Cusumano, además de insultarle, Barbato también le ha escupido en la cara, mientras intentaba darle un puñetazo. Cusumano se desmayó y tuvo que ser sacado del hemiciclo en una camilla. Tras ser atendido por un médico, no se teme por su salud.
Barbato ha asegurado a la prensa que no escupió a su compañero de partido y tampoco le agredió, aunque reconoció que “no lo he tratado bien”
Visto lo visto aquí en España durante la presente legislatura me pregunto cuánto tiempo tardaremos en llegar a estos extremos. ¿O acaso alguien piensa que no vamos a llegar? Que le pregunten a Manuel Marín, que le pregunten…
Justicia y prejuicio
Una mujer madura, de 45 años, profesora desde hace varios en una guardería, con un vida emocional estable y tranquila (vive con su pareja desde hace tiempo) un día decide ser madre e inicia los trámites de un proceso de adopción.
Acude a ventanillas, aporta documentos, se somete a un sinfín de pruebas psicológicas. ¿Resultado? No apta. A las autoridades, que son personas, les ha parecido que esta mujer está verdaderamente preparada, incluso más que ellos mismos, para adoptar un niño, ¿entonces?. Existe un informe, ¡un informe!
Ese informe no desvela ningún secreto inconfesable, vicio o defecto oculto de la candidata. El autor del informe, que no se ha echado a la cara a esta mujer de carne y hueso y corazón, sostiene, en abstracto, en general, que la ausencia de la “figura paterna” (¡cielo santo!) puede provocar un trauma en el niño.
Perdón, se nos había olvidado decir que esta mujer es lesbiana.
Y sincera. En los interrogatorios (sí, interrogatorios) ella lo había contado a las autoridades con la mayor naturalidad. Esas autoridades que han aprovechado su valentía para no dejarla ser madre.
Ahora, un tribunal formado por hombres y mujeres quién sabe de qué condición sexual ha dicho que eso es discriminar, y ha condenado a las autoridades a revocar su decisión e indemnizar a esta mujer.
El tribunal habla de una ley igual para todas las personas, sea cual fuere el color de su pelo, su sexo, credo o condición. Y dice que para adoptar a una persona sólo hay que querer querer. Tener voluntad y capacidad de amar.
Ese tribunal es el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, y la sentencia, histórica porque sienta un precedente europeo, fue dictada ayer para escarnio y vergüenza de unas “autoridades”, las francesas, que habían antepuesto sus estúpidos prejuicios al cumplimiento de la ley.